CÓMO DESCRIBIR A UN VINO

¿Eres de los que se inicia en el mundo del vino?  No hay mejor manera que entenderlos y descubrirlos que relacionarlos con el cuerpo humano.

Texto: Gastronómica de México/Ambrosía

 

Durante mucho tiempo, la jerga de los enófilos era un diccionario hermético al que muy pocos tenían acceso.  En los últimos años, gracias a las tendencias actuales, las catas de bebidas han desmitificado la mágica descripción de los vinos, dejando de ser un placer de pocos, para ser un viaje al que cualquiera puede ser invitado.

Te sorprendería saber que al igual que la gente, los vinos pueden ser descritos como amables, pesados, nerviosos, nobles, ordinarios, peleoneros, recios, fatigados o tranquilos.  Por si fuera poco, descubres que los vinos no van desnudos: hay vinos con una buena capa y otros con un bello y sugerente vestido.

La Anatomía Etílica

Las anteriores no son las únicas analogías que existen entre humanos y vinos.  Existe lo que se podría llamar un carácter “anatómico-forense” de algunas de las características de este producto, en las que se habla del “cuerpo del vino”, como si del cuerpo del delito se tratara.

Aunque explicamos este tema de un modo coloquial, aseguramos que no hay mejor palabra que “cuerpo” para describir las sensaciones que el vino provoca a su paso por la boca.

El Esqueleto

Todo cuerpo debe tener un buen esqueleto, un armazón o estructura, que determine su porte y envergadura.  En el vino, el esqueleto lo constituyen las sensaciones más consistentes –taninos y sustancias amargas-, que hacen que el vino, que es realmente un líquido, parezca tener cierta solidez.

 

Anorexia Prohibida

Aunque el esqueleto es imprescindible para que el vino dé la talla, es indudable que un cuerpo excesivamente huesudo no suele ser muy atractivo.  Por tanto, ese esqueleto ha de estar suavizado por la carne, que le sirve de relleno y le proporciona sensaciones menos ásperas y más confortables y acolchonadas.

La Carne

En sentido estricto, dentro de esta carne habría que distinguir entre “músculo” –relacionado con la concentración y la intensidad del sabor del vino- y grasas (básicamente glicerina y azúcares) que proporcionan al vino su untuosidad.

Para redondear el tema, se le conoce como “vino delgado” al que presenta falta de carne; el “vino austero” sería como esas modelos de pasarelas que serían más atractivas cono algunos kilitos de más; el “vino carnoso” es el que no tiene desperdicio y el “vino untuoso” es aquél que nos hace pensar inmediatamente en los placeres (de la carne).

 

En Búsqueda del Vino Perfecto

No queda ahí la comparación: un cuerpo con un buen esqueleto y su correspondiente músculo dista mucho de ser perfecto.  En concreto, si le falta nervio, más que cuerpo hay que hablar de “armario”.  En el vino sucede algo parecido: el músculo y el esqueleto necesitan de una acidez que los anime, que les proporcione garra y carácter.

Los nervios (con la disculpa a los médicos por el tono simplista en que explicaremos) son una especie de hilos muy frágiles que comunican los sentidos y los músculos con el cerebro; sin embargo, en el lenguaje usual, el nervio es el tendón que uno los músculos (la carne) a los huesos (armazón).  En el vino, el nervio reúne los dos significados, el técnico y el popular: la acidez le proporciona al vino la sensación de frescura, vigor, animación y vivacidad, aunque en exceso hace que el vino se vuelva nervioso y agresivo.

 

Ultimo Consejo

En una cata, cuando tengas el vino en boca, cierra los ojos y trata de pensar en un cuerpo; esto será mucho más fácil que buscar descripciones de bebidas en cualquier diccionario de adjetivos.

 

Gabriel García Márquez decía que todos estábamos constituidos por un alma y un “almario”:  hoy nos metimos de lleno en el almario del vino.

#SiempreBuenGusto

 

 


Deja un comentario